miércoles, 16 de abril de 2014

El estilo de la calle en Oviedo


El miércoles pasado estaba tan mala que no pude publicar, pero el anterior había empezado una sección nueva con fotos hechas por mí en la calle.



La idea es enseñar cómo se viste en Oviedo, la moda en la calle que yo veo y con la que me encuentro cada día.




Ayer salí con mi sobrina que pasa unos días conmigo a buscar modelos que se dejaran fotografiar.




Antes de nada nos dimos una vuelta por Camilo de Blas que este año celebra su primer centenario y presume de tener la misma decoración de 1914. 



Un toque dulce, a pesar de los enemigos del azúcar, parece que anima a encontrar mejor la vida.



Las caras de sorpresa y las reacciones de las personas son de lo más diverso y en general divertidas.




Pasan de quien te mira con ojos horrorizados y te asegura que por nada del mundo saldría en un blog.
Hasta quien lo encuentra simpático y agradable.



En algún caso como esta chica de abajo, que estaba en una terraza con un grupo de amigos, el club de fans la jaleaba mientras ella trataba de mantener la compostura.



En otros, el marido también se apunta a salir,  feliz de la vida.



La mayoría argumentan que son muy poco fotogénicos, pero no ponen mayores pegas.

Y en otros casos me piden que los saque de forma que no se les reconozca demasiado bien.



Soy muy desorganizada y todavía voy a salto de mata, con lo que estas fotos son las que pude conseguir ayer en un rato a mediodía, por eso la mayoría están en terrazas, pero la idea es empezar un album amplio que represente el estilo de una ciudad que siempre tuvo fama de buen gusto.


Fotos: El Capricho de Marqueza.


lunes, 14 de abril de 2014

Normalidad



A veces recuperar la normalidad es toda una alegría.



Volver a encontrarnos con las rutinas que constituyen nuestro día a día, repetir esos movimientos que muchas veces nos parecen cansados y aburridos, nos da seguridad y nos permite avanzar con rapidez.


Por eso cuando salimos de nuestro entorno, o cuando recuperamos la salud después de una enfermedad, decimos aquello de: “hogar, dulce hogar”
 O simplemente nos limitamos a disfrutar de la maravillosa sensación de sentirnos bien.


Porque si bien es cierto que la monotonía, parece que nos amarga la vida y que las incursiones por territorios extraños, desatan la adrenalina, nos ayudan a aprender nuevas fórmulas y nos enseñan formas de vida diferentes.


Lo cierto es que la sabiduría del refranero nos cuenta aquello de que “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”


A medida que vamos cumpliendo años, aprendemos a  fijarnos más en lo que nos rodea,  a valorar lo que tenemos y a disfrutar con ello.


La cima del Himalaya es apasionante y las paradisíacas playas de Maldivas un deleite para los sentidos, pero a veces la oportunidad nos hace apreciar doblemente lo que tenemos.


Y nos sentimos felices mirando la hierba, o sentándonos tranquilamente en el porche de casa.


Nos alegran las cosas más pequeñas y el simple hecho de poder disfrutar con los nuestros, transforma el más sencillo lugar en el mejor de los paraísos.


Y para esos días normales, para esos ratos estupendos y de disfrute, nada mejor que una vestimenta normal.




Vaqueros, trenca, jersey de rayas… azul marino y rojo.




Una combinación que se repite de mil maneras y cada año vuelve a nuestro armario con la primavera. 
Porque nos gusta y nos hace sentir bien, porque forma parte de nosotros a base de acompañarnos tantas veces. 




¿Cuál es vuestra combinación favorita para días normales?



Fotos: Julián Herrero.


Vaqueros: Zara.
Bolso: Zara.
Zapatos: Zara
Jersey: Sfera.
Trenca: Primark.
Pañuelo: Vintage.
Collar. Mercadillo.
  

jueves, 10 de abril de 2014

Lunares




Ahora se llaman topos, pero como yo tengo ya unos años sigo prefiriendo el nombre de siempre y sigo mirándolos como si fueran la tela obligada del traje de flamenca





Y ya sé que los de ahora no llevan casi nunca esos redondeles idénticos y simétricos que de pequeñas nos hacían soñar porque representaban  zapatos de tacón  y vestidos de volantes con los que nos sentíamos nuestras propias heroínas.




Pero cuando los veo, y no digo nada cuando me los pongo, me parece que en cualquier momento me voy a arrancar por sevillanas, por bulerías, por soleares o por lo que se tercie.




Que para algo tengo sangre andaluza en las venas y a los dieciséis años recitaba de memoria medio romancero gitano.




Los lunares me recuerdan tardes de verano,  calles blancas y empinadas que al final del día se llenan de sillas y de gentes que salen “a la fresca”.



Me huelen a jazmines y  me suenan a risas y a fuentes que cantan risueñas al ritmo de los chorros que rebotan sobre las piedras.




Me saben a aceitunas, a manzanilla, a gambas y a “pescaito” frito.




En mi oído tienen tintineos de pulseras que chocan entre sí, de crujir de telas almidonadas que se mueven al andar.






Los lunares casan con guitarras en la memoria como la de Paco de Lucía o el Maestro Tárrega cuando nos hacía escuchar sus tardes en la Alhambra.


Lunares para el buen tiempo, para la alegría, para disfrutar.




O también, como en este caso, lunares que se visten de seriedad, que acompañan a ropa oscura y le dan ese punto de vida sin el que sería horriblemente aburrida.






Lunares y colores vivos contrastando, haciendo vibrar.




Destacando frente a la monotonía y la oscuridad del invierno.




Nota: Sé que últimamente publicaba lunes, miércoles y viernes, pero llevo tres días con una gastroenteritis que me tiene del revés y ayer no fui capaz de entrar en ningún blog, ni siquiera en el mío. Mil perdones 



Fotos: Julián Herrero



Cuerpo de lunares: Zara (Nueva Temporada,aquí )
Pantalón: Zara ( similar aquí )
Bolso: Regalo.
Pulseras finas: Parfois.
Pulsera ancha: Feria de Muestras de Gijón de hace dos años.
Sortijas: Mercadillo navideño 

domingo, 6 de abril de 2014

Colores infantiles



Cuando le enseñé a Julián el modelo que saco en esta entrada, su cara se anticipó a sus palabras.



Antes de que, con mucho tacto y todo el cariño del mundo, contestara a mi: "¿Qué te parece?"
Con un: "No sé, ese rosita…"
Ya sabía que lo encontraba una cursilada de mucho cuidado.




Y es que los colores pastel y más si son en versión bebé, tienen más peligro que un Mihura, recién salido del toril.



Son tonos que asociamos a los primeros años de la vida y con ello a mimos y a monerías, y por eso nos cuesta verlos fuera de ese entorno.



Pero, como yo conservo una vena infantil de mucho cuidado, me encantan.



Eso no quita para que cuando los use no procure borrarle ese aire pastel y “cursilón” que les sale en cuanto te descuidas un poco.




Quizá por eso, mezclé esta cazadora de manga corta del año pasado con la falda  nueva y los zapatos color coñac




Porque si el rosa es todo dulzura, el coñac parece justo todo lo contrario. Encarna la fuerza y el valor.



Nunca supe el por qué de esa asociación que, al menos en mi mente, está muy presente.  
Pero el contraste me pareció agradable y llamativo


Por esta vez no me dejo guiar por el criterio de Julián.



 Sé que cuando se trata de fotos suele acertar prácticamente siempre al elegir los colores, pero hoy impuse el mío.






Fotos:Julián Herrero.


Ropa y complementos: Zara. 

viernes, 4 de abril de 2014

Las chicas buenas



Evidentemente,ella carecía de la sensualidad de Betty Boops.




Por más que se hubiera querido vestir como las heroínas de los años treinta, aquel cuello a la caja, cerrado y recatado, le impedía acceder a esa cualidad de mujer insinuante y divertida.




Parecía más bien un ejemplo  de mujer modosita, de esas que da la impresión de que nunca han roto un plato.




Medias oscuras, falda recta, carita de buena y aquel bolsito diminuto, terminaban de perfilar una imagen formal y asentada que se parecía más a un ama de casa de aquella época.




Y no podía evitar que le diera rabia.



Ella quería ser divertida, jugar a ser pícara y terriblemente femenina. 
Pero su seriedad le ganaba la partida


Se había pasado demasiados años estudiando. Se había roto la cabeza filosofando y no lograba desconectar de ese aspecto de mujer que piensa.



Casi podría presentarse como imagen del: ¡Sé buena!
 Que le decía su madre cuando salía de casa.


Y ella empezaba a cansarse de ser tan buena.


Se aplicaba la frase aquella de Elvira Lindo ,  Mae West de que las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes.



Y se decía que ya iba siendo hora de empezar a ir a todas partes.
Pero tantos años de formalidad no se borran de un plumazo y allí estaban aquellas fotos acusadoras.


Qué se le va a hacer, pensó, la historia no se puede cambiar. Pero la próxima vez, la próxima, me soltaré la melena.


Y con esa idea pasó página y salió a darse una vuelta.


Fotos: Julián Herrero.


Chaquetón:Primark.
Camiseta: Zara ( Rebajas)
Falda: Zara ( del año pasado)
Zapatos: Zara (temporada otoño-invierno 2013-2014)
Bolso: Blanco.
Collar: DIY