lunes, 1 de septiembre de 2014

Madrid en agosto, crónica de una escapada



Había marchado a Madrid en busca de un cambio de aires.


Tras un viaje en tren contemplando como el sol iba cambiando los paisajes, viendo los campos recién segados y amarillos, llegó a su destino y se encontró por fin con una temperatura deliciosa.


Respiró hondo y tuvo la sensación de que la urbe la abrazaba y la acogía con cariño.


Era un buen comienzo, no cabía duda.


Le gustaba la ciudad en agosto. 
Recordó la frase escuchada, hace años en una película donde la protagonista era una señora elegantísima, que sostenía que nadie va a Madrid en verano.


Estaba claro que la dama se refería a nadie elegante y con posibilidades, a esa alta sociedad que en invierno esquía en Gstaad y en verano se va a Cerdeña o a la Costa Azul.


Pero como ni pertenecía esa clase, ni tampoco esperaba encontrársela, se dedicó a disfrutar del aspecto diferente y de las ventajas que le encontraba a la ciudad en un tiempo en que sus habitantes la abandonan.


Las calles vacías a primera hora de la mañana, los sitios sin aglomeraciones, las terrazas con ventiladores y humidificadores, las caras agradables de quienes no padecen estrés, ni presiones…


Y la noche en la calle, con un ambiente turístico y abarrotado en los sitios típicos, pero animada y con buen humor.


Las colas la hicieron desistir de subir a las terrazas del Círculo de Bellas Artes y del antiguo edificio de Correos, así que tras saborear el imprescindible “bocata” de calamares en la Plaza Mayor se dirigió al café de Oriente.


Le encantaba el aspecto un tanto fantasmagórico de los edificios alumbrados solo a medias, el verde casi negro de los cipreses de la plaza, la música que llegaba desde los Jardines de Sabatini, el sabor inconfundible del granizado de limón…


Al día siguiente iría a ver la exposición del Thysen de la colección Alma Tadema y la pintura victoriana en la colección Pérez Simón y por la tarde aprovecharía para disfrutar del colorido anaranjado que viste los tejados y edificios de la capital.


Se pondría su pantalón palazzo con estampado oriental del año pasado y la camisola de tirantes que tenía ganas de estrenar y nunca encontraba el momento, así estaría fresca y cómoda.

Y es que encontrar el lado bueno de las cosas y los sitios siempre es un acierto.


Fotos: Julián Herrero.


Pantalón: Zara ( del año pasado, lo saqué en esta otra entrada)
Camiseta: Primark 
Sandalias: Zara.
Bolso: Mango.
Collar y pulseras: DIY