miércoles, 20 de agosto de 2014

Kaki y flores


Parece que el mal tiempo y la lluvia en mayo un día sí y otro no, se deciden a darnos una tregua y nos dejan estrenar esa ropa que vamos comprando con toda la ilusión, pensando en la primavera




Como si de una invitación al tiempo se tratara, me vestí de flores, añadí un poco de  color y motivos florales y me fui a visitar un jardín.





La ciudad, tras de mí, sigue su ritmo de coches y tráfico,
pero yo ya estoy en las escaleras,
buscando el verde tierno de las plantas que empiezan a crecer.





 Entre los restos de lo que fue un palacio, mezclada con los dibujos de los niños, me subo en las antiguas piedras como si fueran un podio y miro las cosas y la vida montada en mis tacones, segura, o quizá no tanto...







A veces me apetece ocultarme, esconder la mirada del mundo exterior, parapetarme detrás de unas gafas de sol, de unos cristales ahumados que me alejan, sin alejarme.






Pero desisto, vuelvo a ser buena, a caminar tranquila, mecida solo por mis pensamientos.







Y en un gesto casi desafiante, haciendo honor al aire  militar del verde kaki de la cazadora, miro alrededor para retornar al asfalto antes de que la amenaza de lluvia se convierta en una realidad desagradable.